La vida del marinero
es muy digna de alabar,
deja familia y hacienda
cuando sale a navegar.
Cuando un marinero embarca
sale dispuesto a luchar,
capeando temporales
y los embites del mar.
Una vez en alta mar
tan solo ve agua y cielo,
el recuerdo de los suyos
es su único consuelo.
Cuántas veces ha tenido
miedo de no regresar,
por esa lucha constante
que mantiene con el mar.
Con un viento huracanado
que a la nave bambolea,
con olas de gran altura,
teme perder la pelea.
El corazón encogido,
el temor dentro del alma,
con fervor le ruega a Dios
que mantenga el mar en calma.
En tierra los que le esperan
viven angustiosamente,
a Dios piden cada día
que lo respete la muerte.
Los padres del marinero,
las esposas y los niños
cuantos más días transcurren
sienten por él más cariño.
Por fin allá en lontananza
asoma un barco velero,
todos acuden al puerto
a esperar al marinero.
Las escenas se suceden
con gran dosis de emoción,
lágrimas, besos y abrazos
que salen del corazón.
Esta alegría tan grande
poco tiempo ha de durar
pues la vida del marinero
es volver de nuevo al mar.
Julián Navarro Vera
Barcelona, 7 de març de 1.990

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