En el mundo no hay conciencia,
no existe la compasión,
sólo existe la maldad
y hombres de mal corazón.
Mi conciencia está tranquila,
hago todo el bien que puedo,
el mundo se ha vuelto loco
y el cielo se ha vuelto infierno.
Cada vez que pienso y veo
las injusticias del mundo
siento una pena muy grande
y un dolor muy profundo.
Cuando veo que los ricos
abusan de la pobreza
quisiera que comprendieran
a quien deben su riqueza.
Los obreros trabajando,
en el campo o la ciudad,
ganan el pan de los suyos,
ésa es la pura verdad.
Los que amasan sus fortunas
con el sudor del obrero
se darán cuenta algún día
que no lo es todo el dinero.
Si alguno tiene conciencia
y piensa el daño que hace
verá que no hay diferencia
el día que uno nace.
Al momento de nacer
todos somos casi iguales,
tan sólo son diferentes
el valor de los pañales.
Hay que tener compasión
y ayudar al desvalido,
dar de comer a los pobres
y levantar al caído.
Hay que tener muy presente
que en el mundo nadie gana,
pues la muerte nos acecha
de la noche a la mañana.
Hay que olvidar el pasado,
hay que vivir el presente
y rogar por un futuro
donde se entienda la gente.
Pues ha de llegar el día
de que impere la razón
y que en la mente de todos
exista la compasión.
Se ha de eliminar del mundo
la miseria y la pobreza
y la paz entre los hombres
será su mayor riqueza.
Tengo mi conciencia limpia,
al que puedo hago un favor,
si hicieran todos igual
el mundo iría mejor.
Julián Navarro Vera
Barcelona, 25 d'abril de 1.990
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